El 28 de febrero de 2026, OpenAI firmó un contrato con el Departamento de Defensa de Estados Unidos. El mismo día que Trump ordenó a todas las agencias federales dejar de usar tecnología de Anthropic. Un día. El mismo día. La empresa rival es expulsada del Estado; la empresa pragmática firma el contrato en pocas horas.
Sam Altman lo admitió: las negociaciones fueron "definitivamente apresuradas". Y agregó algo más revelador: Anthropic se enfocó en prohibiciones específicas en el contrato. OpenAI prefirió citar las leyes aplicables, en las que se siente "cómoda". MIT Technology Review lo dijo sin rodeos: el enfoque de OpenAI es más blando con el Pentágono. No ganaron el contrato y la superioridad moral. Simplemente bajaron el estándar moral hasta que el contrato fue posible.
Irán declara objetivos
El 11 de marzo, Tasnim —la agencia de noticias afiliada a la Guardia Revolucionaria Islámica— publicó una lista. Una lista de objetivos legítimos: Google, Microsoft, Palantir, IBM, Nvidia, Oracle. Oficinas e infraestructura en países del Golfo Pérsico e Israel. El comunicado fue directo:
"A medida que la guerra regional se expande hacia la guerra de infraestructura, el alcance de los objetivos legítimos de Irán también se expande."
No es retórica. Irán ya atacó centros de datos de Amazon Web Services en los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. Causó caídas de servicios bancarios, de pagos y de consumo en toda la región. Es la primera vez en la historia que data centers de Big Tech son golpeados en un conflicto armado. Stargate —el campus de IA de diez kilómetros cuadrados que OpenAI construye en los Emiratos con Oracle, Nvidia y Cisco— queda ahora en zona de conflicto activo. Microsoft tiene 15.000 millones de dólares en inversión planificada en los Emiratos. Todo eso está bajo amenaza militar real.
La lógica del ciclo
La convergencia tiene una estructura perversa perfecta. Si eres una empresa de IA y firmás con el Pentágono, te convertís en infraestructura militar. Si sos infraestructura militar, sos objetivo de los adversarios. Si sos objetivo, necesitás protección. Para conseguir protección, te integrás más profundamente al aparato de seguridad del Estado. Para integrarte más, firmás más contratos. Para tener más contratos, hacés más concesiones.
El ciclo se cierra solo. Y el argumento de Altman de que el gobierno no va a violar sus propias leyes se vuelve irrelevante cuando el problema no es lo que hace el gobierno sino lo que les hace a estas empresas el adversario del gobierno.
El dilema que Anthropic temía
La distinción entre empresa privada y actor militar ya no existe en términos prácticos. Palantir siempre lo supo y lo construyó como ventaja competitiva —nació con financiamiento de la CIA, su producto original fue diseñado para targeting militar. Google lo aprendió con Maven y lo rechazó. OpenAI lo evitó durante años y cedió en dos semanas cuando Trump amenazó a su competidor.
El resultado concreto: hay empleados de Google cuya infraestructura está en la lista de objetivos de la Guardia Revolucionaria Iraní. Hay ingenieros de Microsoft cuyas aplicaciones corren en data centers ya atacados una vez. Hay inversores de Nvidia que compraron acciones de una empresa cuyos chips fabrican hardware para el ejército de EEUU y figuran en listas enemigas.
La señal que manda
Anthropic, la empresa que se negó a firmar, fue expulsada del gobierno federal por Trump. Su castigo fue decir no. La recompensa de OpenAI fue decir sí. La señal al resto de la industria no necesita decodificación.
La era en que una empresa tecnológica podía reclamar neutralidad en los conflictos de sus clientes no terminó con una declaración filosófica. Terminó con una lista de objetivos publicada por la Guardia Revolucionaria de Irán y con drones cayendo sobre centros de datos en el Golfo Pérsico.
El marco de Haraway es útil aquí: nunca hubo tecnología neutral. Lo que cambió es que el adversario tampoco acepta ya esa ficción. Cuando Irán declara a las corporaciones tecnológicas co-beligerantes, no está haciendo una declaración ideológica. Está describiendo con precisión la arquitectura real del conflicto: Palantir procesa targeting, Microsoft provee nube clasificada, Nvidia fabrica el hardware del ejército. La neutralidad era siempre una pose. Ahora es también una pose que el enemigo ya no respeta.